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MUJER EMPRENDEDORA

Febrero 5, 2015

Cristina Isabel Morales, víctima del conflicto armado, se vio obligada a desplazarse a Casanare donde se formó con el SENA e inició su propio negocio: una fábrica de calzado.​​​

 

Cuando son las siete de la mañana y mientras el sol anaranjado y el calor comienzan a abrigar las tierras casanareñas, Cristina Isabel Morales ya trabaja en la confección de calzado, en su máquina que la acompaña en cada jornada que dura más de 12 horas diarias. No son sus primeras tareas del día, pues desde antes de despuntar el sol, ya ha preparado desayuno y ha enviado a sus cuatro hijos a estudiar.

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Tras abrir las puertas, ordena las cosas que tiene en su taller, levanta el forro de las máquinas, revisa juiciosamente los trabajos urgentes que tiene que hacer y luego se sienta a trabajar hasta que la sed que produce el sol de la mañana la hace recordar que aún no ha tomado nada.

"Nací en Bucaramanga y desde los 12 años, cuando me di cuenta que mi mamá no nos podía sostener, comencé a trabajar y así ayudaba a mis hermanos", dice Cristina mientras cose una pieza de cuero de color naranja; luego levanta la mirada y con sus tímidos ojos recorre nerviosamente su alrededor, recordando aspectos de su vida.

Con su proyecto de Multiservicio Peletero, obtuvo capital semilla con el que pronto podrá ampliar su negocio y beneficiar a más población vulnerable.​

Es una mujer que estuvo en medio del conflicto, lo que la obligó a desplazarse hacia Casanare donde comenzó 'de ceros' su vida económica. Empezó lavando y planchando ropa, después reciclando plástico, luego vendió limonada y empanadas, y con esos pocos fondos adquirió insumos para la elaboración de calzado.

"Con ayuda de algunos mandatarios locales después se me permitió capacitar a algunas mujeres de la región, para que aprendieran a elaborar calzado, y con lo que me ganaba adquirí algunas máquinas y así inicié un pequeño taller", dice Cristina.

Fue cuando, a través del SENA, se enteró de la convocatoria del Fondo Emprender y con la asesoría de la Entidad presentó su proyecto de 'Multiservicio Peletero', de elaboración de calzado, chaquetas y otros productos en cuero, con el que obtendrá capital semilla y pronto ampliará el negocio y la cantidad de personas que empleará y que pertenecen a la población vulnerable de la región.

"Ella recibió formación del SENA en marroquinería, a través del programa Jóvenes Rurales Emprendedores, y así logró cumplir todos los requisitos para acceder a la convocatoria; allí demostró que el proyecto es viable, entonces se ganó los recursos del Fondo Emprender que va a recibir en los próximos días", expresó Nelson Muñoz, asesor de emprendimiento del SENA.

"En mi taller he tenido varias personas a las que también enseño el oficio para que más adelante también creen su empresa y por ahora trabajen conmigo, pues en la región no se consigue mano de obra calificada", dice Cristina, mientras con el dorso de la mano seca su frente empapada de sudor. Son las tres de la tarde y el clima en Yopal ha llegado a los 34 grados centígrados.

El servicio peletero se realiza a través de su taller denominado Calzado Asarey, que nació desde hace tres años, cuando Cristina llegó a Yopal y en compañía de sus cuatro hijos iniciaron el sueño que ahora se hizo realidad. Con ellos han estado juntos en las buenas y en las malas, desde cuando se separó de su esposo y tuvo que huir del inminente reclutamiento que grupos insurgentes querían hacerle a sus hijos.

"Ellos son mi motor, fueron los que me infundieron las ganas de salir adelante, de poder brindarles un mejor futuro. Hoy dos de ellos son mayores de edad y estudian lo que les gusta. Precisamente el segundo recibe formación en el SENA, en Contabilidad y Finanzas", dice al hacer referencia a sus niños.

"En mi taller he tenido varias personas a las que también enseño el oficio para que más adelante también creen su empresa": Cristina Morales.​

Por ahora, mientras amplía su negocio, Cristina ofrece trabajo directo a cinco personas, pero pronto serán más, aunque ella piensa que con lo que les ha enseñado a otras madres cabeza de familia como ella, también ha contribuido al emprendimiento en la región.

"No solamente yo hago calzado, también presto servicios, pues a quienes aprenden marroquinería o elaboración de zapatos, aquí les hacemos labores de guarnición o les desvastamos, es decir les facilitamos todo para que ellos puedan ensamblar en sus casas", agrega Cristina.

Ahora que es beneficiaria del Fondo Emprender con un capital que mejorará las condiciones de su taller, sabe que también podrá optimizar la producción y la calidad del calzado que ya comercializa en las casetas de Yopal, así como las chaquetas que fabrica por pedido a las empresas de la región.

 

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